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La mala educación

Carácter

por | 28 Oct 2026

Si hubo un secretario de Educación al que no le tembló la mano, como dicen, fue Emilio Chuayffet. De baja estatura y carácter recio, quizá más que recio, determinado.

No recuerdo a otro con esa determinación para tomar decisiones que requerían el respaldo presidencial y toda la fuerza del Estado, pero también templanza para enfrentar sus consecuencias.

Durante su gestión al frente de la SEP se tomaron decisiones que modificaron profundamente las reglas del sistema educativo: detuvieron a Elba Esther Gordillo, se creó el Servicio Profesional Docente, se estableció la evaluación del desempeño docente, se eliminó el pase automático de las escuelas normales a las plazas docente,  se centralizó la nómina magisterial y se auditó el pago de las plazas federalizadas. También se realizó el primer censo de maestros y escuelas, se eliminó la prueba ENLACE, se fortaleció la autonomía del INEE y se terminó con la doble negociación salarial. En Oaxaca, después de años de injerencia de la CNTE, el Gobierno federal y el estatal recuperaron el control del Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca (IEEPO).

Seguramente habrá quien diga que fue un priista más o le cuelgue cualquier otro calificativo relacionado con el PRI. Pero, más allá de las simpatías políticas o no, modificar las reglas de un sistema como el educativo requiere algo más que aprobar leyes: hay que estar dispuesto a enfrentar las resistencias.

La reforma educativa de 2013 salió del Pacto por México, con el respaldo del PRI, el PAN, el PRD y el Verde. Su aprobación en el Congreso de la Unión, entre manifestaciones, bloqueos y sedes alternas, fue apenas el comienzo y lo más sencillo de la reforma.

Después vino lo más complicado: ponerla en marcha.

“Contra la reforma se han propalado rumores falsos que se acompañan por la ignorancia, cuando no por la mala fe; se dice que gracias a la reforma la escuela dejará de ser gratuita y que por virtud de ella se sacrificarán derechos adquiridos de los profesores”, advirtió por la mañana, mientras que por la tarde detuvieron a Elba Esther Gordillo.

El primer cartucho estaba quemado y el SNTE guardó silencio. La CNTE mantuvo su oposición más allá del periodo de aprobación de las leyes reglamentarias, lo que incluyó miles de amparos contra la reforma constitucional.

En tanto, la SEP realizó el censo de maestros y escuelas y advirtió que quienes no fueran censados podrían quedar fuera de la nómina. El censo identificó, entre otras cosas, plazas sin docentes frente a grupo, cerca de 40 mil.

En Oaxaca, Chuayffet tardó dos años en desmontar la estructura de poder que la CNTE había construido alrededor del IEEPO.

“Es un caso de no gobierno en la educación, en el caso de la educación ahí no se gobierna, ahí se permite que la CNTE haga lo que quiera”, declaró un año antes.

En julio de 2015, el Gobierno federal y el de Oaxaca anunciaron la derogación del decreto de creación del IEEPO y la publicación de uno nuevo sin la intervención del magisterio.

Este no es un recuento a favor ni en contra de Chuayffet. Pero durante los casi tres años que estuvo al frente de la SEP, la dependencia se sacudió y sacudió, sin duda, al sistema educativo del país y eso no se puede hacer sin algún tipo de firmeza y algo de convicción.

No era un hombre afable con el que se pudiera conversar fácilmente. Daba pocas entrevistas y no le gustaba demasiado el chacaleo. Durante un tiempo solicité una entrevista con él. Nunca me la concedió.

Hasta que un día me invitó a comer a la SEP a finales del 2014.

Llegué a la oficina de Vasconcelos. Al fondo había una puerta que daba a un comedor que yo no conocía. Antes de pasar, el guardia me pidió el celular, lo guardó en una cajita y me aseguró que estaría a salvo.

Chuayffet me esperaba de pie y me invitó a pasar.

Nos sentamos a una mesa redonda y comenzó a conversar de todo, menos de educación. Me contó anécdotas de su época como estudiante de derecho en la UNAM, donde conoció a su esposa, que obtuvo la medalla Gabino Barreda; que le gustaba estudiar. También me contó una anécdota de su hija, quien le pidió que no usara sus influencias para conseguirle un empleo porque quería hacerlo por su cuenta.

Él le había respondido: “¿Cuántas personas crees que se apellidan Chuayffet?”.

Conocí en esa comida a un funcionario distinto. Afable y determinado. Y como no me había dado una entrevista, aproveché para preguntarle por qué. Me respondió hablando de la sopa, de la dieta y de otras trivialidades.

Volví a intentarlo. Le pregunté por la reforma educativa. Me dijo que tenía muchas aristas, que el sistema educativo era complejo y robusto, y que avanzaba.

Al terminar la comida, me despidió diciendo que le había dado mucho gusto conocerme.

¿Y la entrevista? ¿Cuándo?

Ya veremos, respondió.

Un mes después del desmantelamiento del IEEPO Chuayffet dejó la secretaria el 27 de agosto del 2015 y llegó Aurelio Nuño.

 

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