A hacer trampa se aprende.
En febrero de 2014, el secretario de Educación, Emilio Chuayffet, anunció la suspensión de la prueba ENLACE. Dijo que se había pervertido: los maestros hacían trampa, los alumnos copiaban y los resultados habían dejado de reflejar lo que realmente aprendían las y los estudiantes.
La decisión llegó apenas unas semanas después de conocerse los resultados de PISA 2012.
Algo no cuadraba.
Mientras PISA mostraba que los estudiantes de Chiapas concluían la secundaria con enormes dificultades para seguir aprendiendo, ENLACE los colocaba entre los mejores del país.
La contradicción era demasiado grande para ignorarla. Y Chiapas no era el único caso.
Entre 2006 y 2012, ENLACE reportó que Chiapas y Guerrero habían mejorado más de 100 puntos en matemáticas; Veracruz, 58; y Campeche, 49.
Pero PISA contaba otra historia. En ese mismo periodo, Chiapas apenas avanzó cinco puntos; Guerrero y Veracruz retrocedieron; Campeche mejoró ocho.
Desde hacía años la SEP sabía que, en muchas escuelas, los estudiantes copiaban con la anuencia de sus docentes, para la prueba ENLACE.
Y los adultos también hacían trampa. En junio de 2014 fueron robados 131 exámenes de Carrera Magisterial. Al día siguiente ya se vendían en Chiapas y Yucatán. También aparecieron acordeones para resolver la prueba. Finalmente, el examen se canceló.
Lo paradójico es que ENLACE nació con un propósito completamente distinto. Cuando apareció en 2006 era una evaluación diagnóstica para conocer qué aprendían las niñas y los niños en lectura y matemáticas.
Pero en 2010 la SEP decidió vincular sus resultados con Carrera Magisterial y los estímulos económicos para los docentes. Y el examen dejó de ser una herramienta para aprender.
Las y los estudiantes que hoy presentaron el examen de ingreso a la UNAM estaban en primaria cuando ENLACE vivió su auge y su caída.
¿Qué aprendieron de todo aquello?
Aprendieron que un examen podía manipularse.
Que las reglas podían doblarse.
Que hacer trampa era aceptable si el premio lo justificaba.
Hace unas semanas comenzaron a circular en TikTok videos donde jóvenes comparten estrategias para engañar a la inteligencia artificial o a las cámaras durante los exámenes de admisión. Algunos incluso describen la prueba como "un trámite que hay que pasar como sea".
No sé si exista una relación directa entre ambas historias.
Pero sí sé que los valores también se enseñan con el ejemplo. Cuando durante años los adultos convierten una evaluación en un juego de simulación, no deberían sorprendernos que las y los jóvenes pongan en práctica exactamente esa lección.
Porque la educación también transmite aquello que nunca aparece en los planes de estudio. Y, a veces, lo que más enseña una escuela no está en el examen, sino en la forma en que decide responderlo.