“Vi pasar a siete secretarios” en los 15 años que cubrí la fuente educativa: Reyes Tamez Guerra, Josefina Vázquez Mota, Alonso Lujambio, José Ángel Córdova Villalobos, Emilio Chuayffet, Aurelio Nuño y Otto Granados Roldán.

Al primero que conocí fue a Tamez Guerra. Venía de la Universidad Autónoma de Nuevo León, donde había sido rector. Su trayectoria era académica y universitaria y fue el único que permaneció los seis años del gobierno de Vicente Fox.

Después me llamó la atención la rotación. La mayoría llegó al cargo por cercanía política o presidencial, no necesariamente por conocer el sistema educativo. Las excepciones: Chuayffet, que fue secretario de Educación del Estado de México, y, Granados Roldán, secretario particular de Jesús Reyes Heroles cuando fue secretario de Educación, gobernador de Aguascalientes y, antes de ser titular de la SEP, subsecretario de Planeación, Evaluación y Coordinación de la propia Secretaría.

El caso opuesto fue Aurelio Nuño Mayer, con cero conocimiento del sector educativo.

Después de Reyes Tamez comencé a escuchar una frase que se repetía cada vez que llegaba un nuevo secretario: “está en su curva de aprendizaje”.

La curva de aprendizaje significaba que el nuevo titular debía ponerse al corriente. Su equipo de asesores —que también cambiaba con cada secretario— preparaba tarjetas con estadísticas, programas, presupuestos y datos básicos del sistema.

Hacían tarjetas para identificar a los principales actores: líderes sindicales, delegados de la SEP en los estados, académicos e investigadores. No solo sus credenciales o biografías. También sus tendencias, alianzas y posiciones políticas.

La curva de aprendizaje incluía los principales programas y políticas educativas de los secretarios anteriores: el Plan de Once Años de Jaime Torres Bodet, el Compromiso Social por la Calidad de la Educación, la Alianza por la Calidad de la Educación, la evaluación educativa y los compromisos internacionales de México.

Cada cambio de gobierno significaba nuevas tarjetas. Tuve en mis manos muchas.

Y no faltaba el líder sindical o funcionario que, fuera de grabadora, explicaba alguna declaración desafortunada o una cifra equivocada del nuevo funcionario con una frase que se convirtió casi en una fórmula: “entiéndelo, está en su curva de aprendizaje”.

Algunas veces esa curva duraba meses y se notaba.

Recuerdo esto porque mi colega Teresa Gutiérrez publicó recientemente en Animal Político un recuento de los cambios de secretarios de Educación en las entidades., que se puede consultar en Monito de Mexicanos Primero, documentó nueve cambios de secretaros de educación durante el ciclo escolar que concluyó: Zacatecas, Veracruz, Tlaxcala, San Luis Potosí, Campeche, Sonora, Oaxaca, Ciudad de México y Michoacán.

El caso más dramático es Zacatecas: cuatro titulares de Educación durante el sexenio. Le siguen San Luis Potosí, Campeche y Sonora, con tres.

"Cada relevo implica mucho más que cambiar un nombre en el organigrama. Cambian equipos, prioridades y decisiones. A veces se detienen programas y se intenta cambiar de rumbo para desligarse de lo que hizo el anterior. Se hace un “reseteo” de la educación”, explica Gutiérrez.

Y ahí está el problema.

La curva de aprendizaje de un funcionario no es gratuita. Mientras aprende quién es quién, qué programa existe, cuánto dinero hay, qué dice la ley, qué se ha hecho antes y qué funciona o no, el sistema educativo se frena o camina más lento.

Lo más dramático es que esta rotación no es nueva. Desde que se creó la SEP, en 1921, solo dos secretarios han permanecido todo el sexenio: Víctor Bravo Ahuja, de 1970 a 1976, y Reyes Tamez Guerra, de 2000 a 2006.

Más de cien años de educación pública y apenas dos secretarios que terminaron el sexenio para el que fueron nombrados.

Quizá el problema no sea que los funcionarios necesiten su curva de aprendizaje para ponerse al día y conocer el sistema educativo. El problema es que las y los estudiantes, docentes y el sistema educativo mexicano lleva décadas pagando por el aprendizaje de las y los funcionarios nombrados para mejorarlo.