En el fondo la pregunta sigue siendo la misma: ¿quién controla las plazas docentes?
Era un secreto a voces que las plazas “se venden”, se entregaban por “favores políticos” o a cambio de favores sexuales. Nunca pude obtener un documento que probara los dichos que escuché, en varias ocasiones, en voz de la propia maestra Gordillo y diversos líderes sindicales.
Lo que sí constaté es que para muchos maestros, la plaza docente era parte de su patrimonio familiar y la heredaban a su hijo o hija.
Es difícil borrar de un plumazo una larga tradición mexicana de casi 100 años, sin explicarle a las maestras y maestros, las razones, los beneficios o incluso el impacto. El funcionariato sigue creyendo que con un anuncio, boletines o conferencias de prensa para salir en los medios de comunicación es suficiente para revertir un tema tan arraigado en la sociedad.
El rechazó se registró en 17 entidades. En Morelos comenzó la debacle. Llegué a Cuernavaca, me hospedé en Las Quintas porque estaba cerca del parque Chapultepec donde se realizaban las negociaciones entre Gobernación, los funcionarios estatales y la disidencia magisterial que tenía las escuelas cerradas hace un mes.
Recuerdo las guardias interminables afuera de las mesas de negociación en Chapultepec, aunque informaban sobre los avances, la comisión no tenía poder de decisión, debía bajar los acuerdos a las bases.
Después de varios, días, me pidieron cambiar de hotel a uno “más barato” y negocié en un hotel boutique cerca del centro a un precio más razonable. Por las mañana pasaba al plantón dividido en 6 regiones, hablaba con las y los docentes, preguntaba cómo iba la negociación, y por las tardes iba a Chapultepec a esperar que saliera la comisión.
Cada punto del pliego petitorio fue negociado. Después de varias semanas, había un acuerdo. La comisión salió de madrugada, feliz. Por la mañana todas las regiones rechazaron el acuerdo.
La operación en contra del acuerdo tomó por sorpresa a los propios negociadores, que luego fueron acusados de “espurios” y por supuesto a los maestros que estaban en el plantón.
Cada región en asamblea aprobaba o no los acuerdos. Y ahí actuaban funcionarios de la SEP y del gobierno estatal, dirigentes del SNTE. Personas que se aparecían en todas las carpas para rechazar sistemáticamente cualquier acuerdo. Fue una operación concertada.
Por su parte, Gordillo organizó un Consejo Nacional en Sonora. Invitó a los disidentes. No fueron.
Es que el cambio cultural que anunciaba la Alianza por la Calidad de la Educación —y después la reforma del 2013— no podía imponerse solo desde arriba.
Requería, desde mi punto de vista, también una estrategia de comunicación capaz de llegar a cada escuela y explicar por qué se intentaba modificar un sistema construido durante décadas alrededor del control de las plazas.
Pero mientras el conflicto escalaba, Gordillo regalaba Hummers a los dirigentes sindicales del país.