Cubrí durante años los conflictos de la CNTE y aprendí varias cosas.
Los gobiernos siempre creen que el conflicto se resolverá con una mesa de negociación; la CNTE siempre cree que el gobierno solo entiende el lenguaje de la negociación-presión y violencia; y quizá la más importante, es que quienes terminan pagando la factura nunca están sentados en la mesa.
Lo que hoy sucede es tan parecido a lo que ha ocurrido desde la década de los 90. Sí, son más de 30 años: Paros; plantones; marchas, bloqueos, mesa de negociación, minutas, y finalmente incumplimientos, para reiniciar de nueva cuenta con el paro.
Durante el liderazgo de la maestra Gordillo, el SNTE tenía un principio de relación con el gobierno federal, la única negociación debía ser con quien tenía la toma de nota, es decir la dirigencia nacional del magisterio. La CNTE no estaba invitada la mesa.
Esa tradición se rompió con los gobiernos de la 4T, que reconocieron a la CNTE como un interlocutor legítimo. La derogación de la reforma educativa de Peña Nieto, la desaparición del INEE y después del MejorEdu, fueron algunas de las demandas históricas que encontraron eco en el nuevo gobierno.
Y frente a las concesiones, la CNTE siempre tiene un as bajo la manga. Pidió al gobierno de Andrés Manuel derogar la ley del ISSSTE de 2007, si una que se aprobó hace cerca de 20 años. El presidente “pateó” el balón al siguiente sexenio.
Y aquí estamos, en la antesala del mundial, tras 140 mesas de negociación con la CNTE, según publicó El Universal, y cero avances.
La historia se repite porque el problema es estructural.
¿A quién no le conviene que se resuelva? ¿Es verdad que no hay dinero? ¿Se ha hecho un análisis de la nómina del magisterio, proyecciones a futuro de los costos? ¿Por qué no son públicas las negociaciones? ¿Por qué desde hace 30 años se sientan a tratar de resolver en lo oscurito asuntos a los que les hace falta mucha luz y ventilación pública?
Mientras el SNTE desde lo alto llama al diálogo y marca distancia de la movilización, que estoy segura, aunque no me consta, que atiza a trasmano. El sindicato mayoritario juega el papel que históricamente ha jugado: demostrar que existe otra forma de relación con el gobierno.
Pero mientras unos presionan y otros negocian, las escuelas vuelven a cerrar.
¿Quién representa a las niñas y los niños en esta negociación?
Por eso cada conflicto magisterial termina pareciéndose al anterior. Porque los actores son los mismos. Las demandas son parecidas. Las mesas de negociación son las mismas. Y los grandes perdedores también: Las y los estudiantes de los estados más pobres. Esos que llevan más de 30 años pagando una factura que no contrataron.